HELVETE ER HER
• Nos encontramos actualmente en el año 3034, la ciudad del cielo mantiene una lucha constante contra el infierno que se levanto alrededor de las siete murallas celestiales.

Bienvenidos sean a Helvete. Nada de lo que ocurre en este mundo, es lo que realmente sucede, todo lo bueno puede ser malo y lo malo puede ser bueno, la avaricia, la codicia, el deseo de poder y todos aquellos mundanos deseos, corroen las verdaderas intenciones de aquellos que alguna vez desearon convertir en el infierno en el paraíso del Edén. ¿Deseas ser consumido por el pecado o planeas pelear contra aquellos que destruyen al mundo lentamente?
El clima
• El clima de nuestro mundo actual, se encuentra completamente a la deriva. La única ciudad que ha sido capaz de controlar sus cambios bruscos de temperatura y estaciones climáticas, es Himmelen, quien posee un sistema tecnológicamente especializado y preparado para establecer en la ciudad del cielo, las cuatro estaciones, conocidas. como: Invierno, verano, primavera y otoño, de una forma controlada con respecto a las otras ciudades que carecen de dicho sistema. El cielo de Himmelen es artificial, en Helvete e Ingenting se puede apreciar, la hermosa luna cuya mitad se mantiene dispersada en trozos por el firmamento.
Los no-humanos

• Los no-humanos hicieron su aparición recientemente, en Ingenting, su origen es completamente desconocido, lo único que se sabe de ellos, es que aparecen regularmente en los pueblos que se han levantado cerca de la frontera, causando caos entre las familias, asesinando, masacrando y devorando sin control, se sospecha que los no-humanos, son experimentos erróneos, de alguna organización que busca crear criaturas, aún mas aterrorizante, que los demonios. ¡Leer más!
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The Boss
Lucifer
Aleksander Smyrnov
NOTICIERO
26 . 04Los no-humanos hicieron su aparición hace unos meses atrás, cuando una familia que residía en Ingenting, cerca de la tan conocida frontera fuese atacada por unos monstruos identificados con el nombre ya mencionado. ¡Leer más!
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Los créditos del maravilloso skin, así mismo para la utilización de algunas tablillas en el foro, son para Hardrock de Captain Knows Best a quien le agradecemos por permitirnos, el uso libre de sus maravillosos códigos. La historia originalmente fue escrita por The Boss en su totalidad, con ayuda de Aleksander. Algunas tablillas son propiedad de Helvete, como así mismo fueron sacadas de Savage - Themes a quien igualmente le agradecemos, por permitirnos el uso de sus hermosas tablillas. Las imágenes utilizadas en este foro, fueron sacadas de distintas partes de la web, como lo son google, zerochan, tumblr, weheartit...etc. Todos los derechos le pertenece a sus autores originales.

What you see it's not always the thruth (Priv. Jiroutachi)

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What you see it's not always the thruth (Priv. Jiroutachi)

Mensaje por Gunji el Mar Ago 30, 2016 8:36 pm

Drip. Drip. Drop.
Había goteras en esa casa.
Drip. Drop.
Y no podía dormir, lo cual lo ponía de mal humor.
Drip.
Eso no hacía mucha diferencia en si a su estatus habitual, uno en el que el dolor de cabeza, las ganas de enterrar las garras que usaba de armas en la garganta de alguien y el inminente deseo de gritar para que todos se quitaran en su camino eran cosa de todos los días.

Se revolvió entre la manta que había puesto en el suelo de madera. Le dolían todos los músculos así como si hubiese hecho un ejercicio muy grande o como si hubiese peleado con alguien, la cabeza le pesaba y ahora que estaba semi-consciente, podía identificar un zumbido en sus oídos que cooperaría en la cruzada de no dejarlo dormir.
"Me niego a levantarme" Pensaba mientras se envolvía en posición fetal apretando los ojos y queriendo forzar a su cansancio trabajar, a obligarle a conciliar nuevamente el sueño que si quizá no era reparador, al menos le desconectaba de la realidad de porquería a la cual tenía que enfrentarse cuando estaba despierto.
Drip. Drop.
Los días pasados no había tenido mucha suerte encontrando lugar adonde descansar, puesto que por una festividad de origen japonés había demasiadas familias en la calle y la posición de las casas, descubiertas casi de frente a los canales y caminos de madera que unían a esa mini ciudad subterránea, le impedía merodear y meterse a una de ellas sin ser descubierto. Tampoco había encontrado refugio en las calles, llenas de personas con fuegos artificiales y globos de cantoya, malditos turistas con sus estómagos llenos de sushi y sake, hablando fuerte, interrumpiendo su sueño en cualquier lugar adonde pudiera doblarse y tratar de descansar y lo peor de todo: Demasiado difíciles de robar. No había tanto problema en los teatros cuando la gente se apretaba por ver una obra o cuando estaban borrachos y solos por la calle, pero toda esta gente estaba alerta al menor roce de su cuerpo y caminaba en lugares iluminados, en grupos seguros. Ya había intentado de manera fallida quitarle una cartera a una dama y el hombre le había golpeado con el paraguas en la cabeza y el hombro, aún le dolía.
Drip. Drop.
No iba a poder estar ahí mucho. La casa por lo que había revisado la noche anterior cuando entró pertenecía a una familia pequeña con un niño en cuya manta de jugar estaba él envuelto. No tardaria mucho el mocoso en subir a ver sus juguetes y a hacer que Gunji se tuviera que levantar y marchar de ahí por la ventana del ático, minúscula, pero que con su cuerpo huesudo y desnutrido bien cabía sin problemas, cual gato callejero que elásticamente pasaba por donde fuera por un poco de calor y comida.

Drip.
El calor de aquel tapete para jugar no era suficiente, no tenía una superficie suave y le causaba comezón en los brazos desnudos. La temperatura había bajado mucho en la noche y ahora identificaba que el dolor de sus músculos era seguramente resultado de haber estado apretando su cuerpo contra la manera y el tapete por las pocas horas que pudo haber estado ahí. Tembló un poco más, no sabía que era mejor, si estar ahí adentro o afuera en la banca del parque adonde usualmente dormía, pero ¡no podía regresar ahí! Seguro el policía al cual la pareja había llamado luego de que intentó robarles iba a estar merodeando un par de días, Gunji no podía darse el lujo de ser atrapado.
Un gruñido.
"¿Ahora qué?" Pensó rodando los ojos. El segundo gruñido fue acompañado de un dolor intenso en su estómago.
Drip. Drop.
Hambre. Era ello, su cuerpo se quejaba por la falta de alimentos y se ponía en perfecta combinación con la gotera para tocar la "Quinta sinfonía de la pobreza" un gran despertador para esa mañana maldita.
Drop.

Los habitantes de la casa ya se habían levantado, como predijo, el niño estuvo a punto de subir al ático y hacerle correr fuera de ahí, pero los padres le detuvieron y obligaron a ir a desayunar primero, dejando la escalera y puerta del ático abierta, sin percatarse del intruso.
Y ahora, de la forma menos conveniente posible Gunji escuchaba aquellas estrofas de música clásica de goteras y estómagos vacíos como la melodía de cuna más hermosa del mundo. Parecían las voces de aquellos que hablaban del clima y los pendientes del día; los coros casi angelicales de la basílica de Himmelen. ¿Qué importaba que en su mente se escuchara que hablasen de impuestos?
"Los impuestos, te ayudan a dormir. Son porcentajes preciosos, preciosos, preciosos. Vamos a pagar, a cumplir con ellos. Impuestos, impuestos. Nuestro hijo tendrá un futuro cuando nos mudemos a Himmelen central. uh uh oh, impuestos. Y luego que tengamos nuestro negocio, podremos yeah yeah, pagar más impuestos; si y establecernos por completo allá, impuestos, vamos ¡vamos ya!"
¿Por qué las cosas más inconvenientes tenían que pasarle? Esas voces, esa canción, aquel "drip drop - Gruñido" debía haberle arrullado al menos unas 3 o 4 horas antes. No ahora. Gunji se sentía volar, siempre había despreciado aquello que los adivinadores de las ferias decían al respecto de desdoblar el cuerpo y hacer que su alma viajara por todos lados, que explorara territorios que nadie incluso nunca había visitado y pudiesen vivir las vidas de miles en cuestión de horas. Ahora entendía bien aquella sensación de tener a su cuerpo volando fuera de la realidad.

Y entonces escuchó los pasitos acercarse. Pequeños tamborcitos que ponían más velocidad al estribillo de la canción que Gunji se había inventado. Pero entre sueños logró descifrar de qué trataba ello, el niño se iba a subir al ático y entonces iba a descubrir que ahí estaba él, acostado en su traje perfectamente confeccionado de indigente allanador de moradas familiares. Y entonces tendría a otro policía sobre él no, no podía darse ese lujo. Se levantó de inmediato, dejando por ahí el tapete que le había servido de cobija y dándose la vuelta para buscar sus botas, justo para ponérselas y salir de ahí para siempre. Fue entonces cuando su pie encontró la manera estratégica de golpearse en el dedo pequeño con la esquina de una mesa que nunca vió.
Drip Drop.
El gruñido del estómago.
El tronido de aquél hueso que no sabía si se había roto o no, pero que le había causado hasta la necesidad de ir al baño y orinar como si no hubiera mañana.
No pudo con sus reflejos por más rápidos que fueran, evitar que las cosas de la mesa cayeran en un estrépito que rompió toda la melodía que ya se había armado.
Tampoco pudo evitar poner de su ronco pecho, su aportación a la sinfonía:
--Me carga la reputa de todos las que viven en este mundo de porquería lleno de mierda, ah, como duele ¡como duele! por todos los malditos mil demonios embrujados ¡maldición! ¡MALDICIÓN, MALDITA SEA!--
--¿Quién está ahí? --
--¡Mierda! --Y sin saber bien como se puso las botas sin abrochar, saltando por la ventanilla adonde tenía pensado huir, claro sin esa aparatosa salida. Cayó como gato en la duela de madera de la calle, en cuclillas; y comenzó a correr con rumbo no definido, perdiéndose entre varios callejones oscuros, asegurándose de que el policia que la familia llamara no tuviera pista siquiera de por donde había salido corriendo. Lo bueno era que la atención policiaca no era inmediata en aquellos lugares y que, si un representante de la ley comenzara a caminar entre los callejones oscuros del barrio japonés, sospecharía hasta de la rata que corría atrás de los depósitos de basura.

--Tengo hambre. --Fue su conversación para él mismo, comenzando a buscar entre los desechos frescos algo que pudiera servir. Era patético, lo sabía. No es que no le importara, es que no tenía energías realmente para entrar y hacer un alboroto en un restaurante para poder robar qué comer. Daría más lástima que miedo, no podía dejar que su imagen se manchara de esa forma. ¿Cuándo estuvo limpio o dio una buena impresión, de todas maneras? Deambuló un rato con una bolsa con sobras buenas en la mano y se aseguró que nadie lo siguiese o viese como se escondía detrás de un árbol, en un jardín que ahora estaba vacío, pero volvería a llenarse más tarde de gente pasando, cortesía de aquél estúpido festival. Comió con calma, permitiéndose sentirse miserable por 3 minutos, ni uno más. Sin embargo mientras pensaba, su cuerpo se apagó por completo y escondido entre las ramas, lejos de toda la gente, ese sueño que tanto había ansiado desde la noche, le tomó preso y no le dejó moverse más.

Tap. Tap. Tap.
Era un sonido a lo lejos, pasos en la duela de madera, pasos con gran seguridad. Retumbaban en su cabeza y le recordaban del zumbido en sus oídos. Ahora que se movía notaba que el cuerpo le dolía más, que le costaba siquiera mucho trabajo el pensar.
Tap. Tap.
Los pasos se acercaban, tardó un momento en recordar dónde estaba, qué hacía, por qué se había quedado ahí. ¿Dónde estaba la gotera? Exigía su quinta sinfonía de la pobreza. Se llevó la mano derecha a la sien, notó que estaba un poco afiebrado. Necesitaría dinero o algo para cambiar por medicamentos con algún doctor antes que aquél resfrío se complicara. No podía darse el lujo de enfermar de gravedad, sin nadie que le ayudara (ni quería que lo hicieran) o dónde quedarse. Sería demasiado complicado, la gripa anterior casi que había muerto cuando había pescado Neumonía.
Tap. Tap. Tap.
Y vio los tobillos torneados y envueltos en calcetas blancas que enfundados en unas getas tradicionales taconeaban en aquel puente que conectaba al parque con el distrito turístico del barrio japonés. A los zapatos, se conjuntaba una tela que desde lejos podía notarse era fina, con la soltura con la que se caminaba, Gunji adivinaba era alguien que se sabía protegida e importante. Un dulce aroma a flores de repente le llegó a la nariz. Cuando se asomó por entre las ramas la vio: Alta, demasiado alta, de cuello grácil y andar seguro, como si supiese que le hacía un favor al mundo con tan solo existir. Nunca había visto a dama tan hermosa en todo lo que llevaba de vida, no era una vulgar geisha de los hoteles turísticos, tampoco una dama de sociedad de esas que se ponen todo en la cara y se cuelgan lo que sea en el cabello. Cada pincelada de maquillaje, cada adorno en su kimono, cada joya en la peineta cargada que titilaba a su paso, todo parecía estudiado, completamente planeado para causar el efecto que estaba teniendo en Gunji, multiplicado a todas las personas. Cuando se dio cuenta tenía la boca abierta y la respiración agitada, ¿Qué criatura debía ser esa mujer tan hermosa y exageradamente alta? Quizá y es que la fiebre le estaba haciendo jugarretas y sus pies no eran tan grandes como él había visto ni tampoco la chica era alta, pero lo que estaba seguro, era que su belleza no era producto de su imaginación. Gunji no conocía a nadie, absolutamente a nadie que fuera quizá la décima parte de hermoso así que sabía que su mente no podría recrear una imagen tan etérea, tan delicada como aquella que se alejaba por el puente contrario.

Se obligó a levantarse, comenzando a seguir a aquella dama con la distancia suficiente para que no se supiese perseguida. De nuevo las calles cobraban vida ¿Cuánto había dormido? Al estar el barrio japonés en el subterráneo nunca podía saber bien qué hora era, sin embargo la multitud caminando le dejaba saber que era quizá la tarde-noche. La chica comenzó a caminar entonces por el borde de los callejones, como evitando a la gente que le admiraba al igual que Gunji había hecho (Lo que le daba tranquilidad, porque eso quería decir que no se estaba imaginando nada y que aquella cosa bonita realmente existía) Y entonces, algo le despertó casi por completo.
La señorita sacó un monedero que brilló con el contenido de monedas platadas, ella se detuvo a comprar una flor para complementar el tocado del cabello y luego guardó aquella pesada bolsita entre los pliegues de su traje, en la cadera.
"Si tan solo pudiera meter mis manos entre los ropajes, seguro que me caliento el cuerpo con sus curvas e inocencia y de paso, me duermo por días en un hotel de por acá, como hasta saciarme..." Y caminó como autómata, ella se metió a uno de los callejones traseros de los teatros, solitarios, oscuros. ¿No tenía miedo acaso, de las personas que como él solo acechaban a las tiernas criaturas más hermosas y adineradas de la creación? Sonrió, emocionado ¡Al fin algo en ese día iba a salirle bien! Se calzó las garras que usaba como armas, sacándolas de sus fundas en su sucia chaqueta abierta, esa que dejaba ver el tatuaje del pecho, super rudo. Movió sus manos asegurándose de que las garras no se caerían y entonces, saltó con presteza atrás de la damisela, atrapándola en la esquina más oscura de ese callejón. Ahora que la tenía enfrente veía que era bastante más alta de lo que incluso visualizó, sin embargo, a su espalda y alzándose de puntas, pudo poner su barbilla en el hombro contrario, haciéndose el interesante con su voz fea, de tonos altos y acento rudo, de la calle, el abrazo ponía una garra que apuntaba al cuello de ella, la otra en el estómago y habló:
--Disculpe, hermosa señorita. Usted iluminó mi día siendo tan bonita. --Rió, alto, una risa la verdad bastante fea, casi que parecía el cacareo de una gallina enferma de tuberculosis. --Pero debo confesar que seré infiel al enamoramiento que me dio su imagen, ya que si algo amé más, fue el sonido de sus moneditas en su cartera. No quiero mancharle de sangre el vestido. Deme su dinero. --Y entonces le abrazó con más fuerza, queriendo pasarse de listo ¿Cuándo más tendría el placer de encontrarse con alguien tan bonito y hermoso como ella?
Nunca.
Jamás.
En.
Su.
Puta.
Vida.

Entonces fue cuando reparó en aquella mano que era blanca y bonita, que le había tomado de pronto de su muñeca y parecía solo apretar, con la intención en breve de moverlo de ahí, con demasiada fuerza, demasiada para una mujer.
--¿uh? --Dijo sintiendo de pronto un vacío enorme en su estómago. Algo que tenía años de no sentir: Completo y absoluto miedo. Fue cuando intentó sin éxito zafarse del agarre que le había hecho la... Si era chica ¿verdad?
¿VERDAD?
Pero no tuvo éxito, quedando atrapado ahí, a su espalda.
¿Qué más podía salirle mal en ese día?
Lo único que faltaba era que aquella hermosa mujer de cuerpo tan delgado y alto como junco fuese un hombre en verdad, un demonio come-hombres, y él hubiera caído en sus garras.
Pero eso no era ni remotamente posible... Ni en sus más locos sueños.
¡¡¿VERDAD?!!
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Re: What you see it's not always the thruth (Priv. Jiroutachi)

Mensaje por Kataoka Jiroutachi el Miér Oct 05, 2016 6:22 am

Había pasado un largo tiempo, desde que el anterior líder de los Kataoka había fallecido. Pero para Jiroutachi no habían pasado tantos años, desde que vio, la muestra de amor más pura que pudo haber conocido y donde por primera vez en toda su vida, sintió pena por quien alimentaba su existencia. Jiroutachi tuvo que criar a un pequeño, verlo crecer, observar como se debilita con el tiempo y esperando una vez más, el mismo final predestinado para él, más, aunque fuera completamente extraño, Jirou no deseaba ese final para el joven nuevo líder de la tan conocida familia, Taroutachi necesitaba vivir, poseer herederos para que no muriese a tan corta edad, con el pasar de los días. Es por eso que llamo al chico de hermosos cabellos azabache y le comunicó su idea y las razones por las cuales había tomado tal decisión, obviamente Tarou no se lo esperaba, buscar una esposa para tener una familia, cuando desde pequeño siempre supo dela manera en que sus padres  se habían amado y deseaba, por corta que esta fuese, vivir una relación parecida.

— No es necesario que sea una chica, Tarou. Solo necesito que tengas hijos pronto. —

— ¿Tiene que ser una persona importante o .. puede ser cualquiera? —

Jirou lo mira con ojos de sorpresa — ¿Tienes a alguien en mente Tarou? — y el silencio le dio una respuesta, con una sonrisa se acercó y muy paternal lo felicitó — Eso te lo dejo en tus manos. Tu padre, no se equivoco, con respecto a la persona que escogió y es por eso que estás aquí sano y salvo — el chico asintió e inclinando el rostro se retiro. Esa noche el yokai tendría una velada muy importante para su grupo de Kabuki, aunque solo iba como una imagen de apoyo ya que aquella noche se presentarían un par de actores novatos. Así que en sus mejores galas saldría a las concurridas calles de los barrios japoneses. Justo cuando estaba arreglando su cabello, entró Taroutachi levemente avergonzado y termina sosteniendo aquella cola de caballo con una peineta dorada, haciendo ese peinado abultado en la parte superior, característico de las mujeres de clase en el antiguo Japón — ¿Qué sucede Tarou-chii? — llamándolo cariñosamente este termino de arreglar su cabello, mirando el rostro de Jirou a través del espejo, asintió en responder — Encontré a la persona indicada para formar una familia — los ojos dorados del demonio se abrieron como plato y sonrió un poco extrañado — ¿Tan pronto? — Taroutachi solo inclino su rostro y asintió — Es por eso que está noche no podré acompañarte — con más extrañeza Jirou se levantó, acerco su mano y acarició la cabeza del moreno — Esta bien. Iré solo — acercándose cuidadosamente a su oído — Les pediré a todos que no te molesten con cosas del trabajo — aquel susurró hizo temblar al otro chico, luego se separo y tomando sus hombros lo miro — La única condición Tarou, es que debes ser el de arriba, si eres el de abajo, te vas agotar demasiado y eso solo logrará que permanezca de esta forma, sin poderme alimentar de ti, así que no abuses. ¿Esta bien? — con un obvio sonrojo sobre su rostro, el otro chico asintió y pidió permiso para retirarse.

Jiroutachi se sentía tranquilo y aquella tranquilidad le permitiría dirigirse al teatro, sabiendo que Taroutachi, posiblemente había logrado tener a aquella persona que siempre deseo. Las calles se encontraban muy llenas, no era para más, casi siempre ese pedacito de tierra, que te hacía recordar tanto al antiguo sol naciente, estaba bañado de tradiciones y anualmente celebraban festividades de todo tipo, era una ciudad que rara vez dormía, una ciudad viva gracias a las costumbres, que sin importar los años, los cambios y la corrupción del mundo que conocíamos, se mantiene vigente a lo que desde un principio creyeron, así es como se conoce siempre a los barrios bajos japoneses, como un mundo totalmente aparte de Himmelen, lleno de vida. Salió tranquilamente del enorme templo de los Kataoka, no sin antes cumplir la promesa que le había hecho a su pequeño Tarou. Camino tranquilamente, robando miradas de los transeúntes, algunas mujeres y hombres incluso llegaban a reconocerlo y se acercaban a saludarlo o a pedirles con cordialidad una que otra fotografía e incluso autógrafos, Jiroutachi más que sentirse una completa celebridad, lo era, reconocido no solo por pertenecer a uno de los clanes más importantes de la ciudad subterránea, sino que poseía un talento nato, que lo hacía brillar como la estrella que era. Caminaba con cuidado, sobre sus tacones de madera, movía sus caderas con majestuosidad, robando suspiros de quienes lo miraban, el camino al teatro se hacía cada vez más largo, por la multitud que abrazaba firme los caminos principales, por lo que decidió tomar varios atajos en caminos solitarios.

No era una chica por lo que ese tipo de cosas no le preocupaban.

Fue cuando sintió el aroma de un humano en especial. Un humano con esos deseos e intensiones sucias, que se acercaba. Jiroutachi sonrió, al parecer no debía buscar su comida esa noche, sino que ella había caído presa a sus encantos, como una mosca que vuela cerca de la fina y delicada telaraña de una venenosa araña.

Jiroutachi giro su cuerpo, en su rostro una expresión de sorpresa y preocupación se dibujo. Era un perfecto actor y era momento de demostrarlo — ... — No fue capaz de pronunciar palabra, cuando aquel hombre que debido a la poca luz del callejón y una capucha que cubría su cabeza, no podía distinguir su rostro y comprender sus facciones, una vez más en silencio, se permitió ser acorralado y aún más se permitió ser tocado de esa forma tan subjetiva, fue entonces cuando sonrió, bajando la mirada, admiro esos detalles metálicos que cubrían sus manos — Es precioso — susurro, tomando la muñeca con cierta firmeza y apartándola de su cintura con fuerza. Fue cuando escuchó esas palabras de confusión, su rostro giro suavemente y pudo notar que era un hombre de estatura baja, que incluso se admiraba más pequeño gracias a sus enormes sancos — Dije. Es precioso — Jiroutachi se movió con habilidad, sus manos tomaron la garganta del tipo, llevando su cuerpo con fuerza contra el suelo. Pretendía jugar un poco con él, quizás darle una lección para que no ande robando a diestra y siniestra, pero cuando observo como el fuerte golpe solo ocasionó que descubriera su rostro, pudo notar a un hermoso rubio de ojos claros, en un descuido las manos metálicas de su ''atacante'' rodearon su brazo, destruyendo parte de la tela y así mismo lastimandolo, Jiroutachi sonrió  — Lo siento mucho cariño, pero no te puedo dejar ir — al azabache lo caracterizaba una velocidad y fuerza abismal. Sonriente, lo tomo de las muñecas y con un movimiento fuerte contra el suelo, quito esas garras metálicas. Se acomodo, sentado sobre el abdomen del chico y acerco su rostro para admirarlo bien — Así que... ¿Quieres las moneditas de mi cartera? — sonrió completamente satisfecho, mientras repetía aquellas palabras.

Tachi se detuvo a observarlo un momento a pesar de que casi el vientre se le hundía y al escuchar ese estomago levantar una orquesta de una obvia hambruna de días, lo analizó — Veamos — hizo una pausa — No puedo alimentarme de ti, si estás tan débil —  de pronto pudo sentir como casi se le desmayaba después de escuchar ello. El moreno nuevamente sonrió — No pienso asesinarte o una cosa tan poco delicada como esa — ladeo su rostro — Pero si tendré sexo contigo, hasta dejarte seco — sonriendo bonito, arrastro su cuerpo al hostal más cercano.

Habían llegado finalmente, en la entrada fue recibido por una hermosa mujer que no reparo en el hombre que colgaba del brazo de Jirou  — Buenas noches Jiroutachi-sama. ¿En que puedo servirle? — Jirou se acercó a la hermosa dama, para susurrarle si apenas un par de palabras a su oído, la chica asintió y llamo a otra de las mujeres del servicio, la cual ofreció una educada reverencia y dejo lo que estaba haciendo para cumplir el pedido. Aquel hostal,  no era más que otro de los negocios controlados por la familia Kataoka. La chica deslizo la puerta corrediza, de una de las mejores habitaciones que ofrecía el mismo, su tamaño era amplio, el suelo de madera estaba cubierto por alfombras de mimbre que al mismo tiempo se encontraban decoradas con hermosos lirios de araña, pintados, en el fondo descansaba una cama, con marco y patas de madera de unos trece centímetros de altura, con sábanas y almohadas a juego en tono azul rey — ¿Puedes traerme la cena a la habitación? Una cena bastante ostentosa, por favor — la chica asintió y se retiro. Algunas personas salían de sus habitaciones al escuchar ciertos gritos que venían de los pasillos, cuando se encontraban con Jirou solo sonreían y le ofrecían una reverencia, con gestos y palabras amistosas, ignoraban completamente al rubio que sobre el suelo, con su brazo doblado de una forma incomoda pedía auxilio y cuando era ignorado, terminaba blasfemando. Antes de que  Jirou entrase con el chico a la habitación, una de las chicas de limpieza se acercó a él para entregarle en mano, una cuerda delgada de color rojo de unos quizás diez metros, con una sonrisa amplia sobre su rostro y esas palabras desesperadas de quien arrastraba sobre el suelo ''¡Hey! ¡¿Qué cojones es eso?! ¡¿Para que quieres eso?!" entró finalmente con el chico. La chica antes de retirarse, cerró la puerta de la habitación. En silencio, lo estampo de cara a nuevas cuentas sobre el suelo, con cierta dificultad al forcejeo, le retiro la capucha  y comenzó a amarrar su cuerpo con la cuerda, haciendo Shibari con su cuerpo, doblando sus manos y amarrándolas contra su espalda, lo inmovilizó.

La puerta corrediza fue abierta nuevamente y su anfitriona solicitó permiso para entrar, venía acompañada de otras dos mujeres en esos bonitos trajes tradicionales, parecían sordas y ciegas con lo que estaba ocurriendo en la habitación con el hombre que ahora se encontraba sodomizado contra el suelo, amarrado estéticamente en un estilo muy japones del bondage — Puedes gritar todo lo que quieras, pero en este sitio, nadie te brindará ayuda — fueron las palabras de Jirou que sentado a un lado del inmóvil chico, le sonrió a las mujeres, agradeciéndole por el servicio, en el momento que estás se retiraban. Jirou se acercó al hombre, quien mostraba un obvio deseo de lucha, pero para el era muy fácil tomarlo entre sus manos y dominarlo, lo sentó entre sus piernas dobladas contra el suelo, lo abrazo solo con uno de sus brazos, tan fuerte que si el otro se movía de más podría lastimarlo. Con el otro brazo, lo estiro para alcanzar los palillos — Te diré lo que tenemos aquí — asintió, acomodando los palillos entre sus dedos — Tenemos Yakitori de cerdo — señalo unos trozos de carne, incrustados en pequeños pinchos de madera — También pollo Teriyaki — señalo un recipiente de porcelana fina, con trozos de carne de pollo, cubiertos de sake y salsa de soja, con semillas de sésamo — Arroz, vegetales encurtidos, sopa de miso, tortillas de maíz, calamares rellenos, salmón al horno. Y si te portas bien podría darte de mi sake — lo miro y sonrió, tomando una de las brochetas de Yakitori para acercarla a su boca — No digas tonterías. ¿Qué gracia tendría en arruinar este banquete solo para envenenarte — rodando los ojos, acercó la brocheta a la boca del rubio, espero paciente hasta que esté sin más reproche comenzó a comer, cada vez más y más, sorprendiendo a Jirou quien sonreía, llevándole la comida a la boca — ¿Cómo te sientes ahora? ¿Mejor? — sin escuchar una respuesta busco la pequeña botella de sake y lo acerco a su boca, una sonrisa se dibujo sobre su rostro cuando pudo observar como mas confiado cedía a las atenciones — ¿Y ahora... cómo te sientes? — observo como aquel hombre comenzó a reaccionar de forma extraña, cansado quizás — ¿Cómo si tuvieras ganas de dormir? — cayendo en sus brazos sin poner resistencia. Jirou suspiro, acercó su olfato al sake, sonriente sintió el aroma de un somnífero.

Se levantó del suelo y acomodo al rubio sobre la cama, lo miro un momento. Mientras el chico dormía, Jirou aprovecho para cambiarse de ropa, usaría una yukata sencilla de un verde oscuro y llevaría su cabello suelto, limpio su cara, retirando el maquilla completamente siendo visibles quizás un rostro masculino, pero con facciones delicadas, se había tomado quizás unos treinta a cuarenta minutos. Tomo un envase con agua limpia y unos trapos, se acercó a la cama y no perdía oportunidad en admirar su cuerpo mientras lo desnudaba, a pesar de no alimentarse como era debido, sus músculos estaban bien definidos, sus brazos, su pectoral, su abdomen y trago con dificultad cuando bajo sus pantalones y observó como su pelvis se marcaba de una forma sexy, suspiro excitado — Bien, eres guapo y eso me gusta — se acercó a su rostro y detallo sus facciones, fue cuando pudo notar como aquel se removía y sonrío — ¡Despertaste! — observo su rostro un poco confundido y río — Soy yo — se acomodo mejor sobre la cama — ¿Porqué estás solo? ¿Porqué tienes que robar por las calles? — no le dio tregua. Ladeo su rostro, sostuvo la cara del chico entre sus manos — Eres guapo, cualquiera pagaría lo que fuera por estar contigo. Y si ese trabajo no te gusta, cualquier grupo mafioso desearía tener a un tipo como tu... entonces me pregunto ¿Porqué? — sonrió y un extraño silencio se apodero del momento, Jirou suspiro — Me gustan tus manos y el color de tus uñas. Me gusta tu cabello y el color de tus ojos. Me gusta tu cuerpo. ¡Oh! ¿Acabas de darte cuenta que estás desnudo? — sonriente, inclino su rostro, acercándose a sus labios, tomo su barbilla con una de sus manos y la apretó para que este no desviará su rostro — Creo que me gustas... aquí y ahora planeo hacerte completamente mio — sus dientes mordieron el labio inferior ajeno y sin controlar más su deseo, busco entre su vestimenta, una botella con forma de corazón que por etiqueta tenía el siguiente nombre ''Choco Love".

Jirou movió el cuerpo del rubio, haciendo que su cara terminara boca abajo, contra una de las almohadas, se acomodo encima de sus piernas, cuidadosamente acercó la boquilla del envase a su pequeño orificio anal — No te muevas — coloco su mano sobre su espalda, haciendo presión contra la cama — Harás que se derrame afuera — finalmente había logrado su cometido y ello hizo que su rostro se alzara con total satisfacción, permitió que el estuche cayera sobre el suelo y sin previo aviso, comenzó a introducir sus dos dedos pulgares, mientras que sus otras falanges amasaban los glúteos — Al introducir este afrodisíaco por tu trasero, la sustancia viaja rápidamente a tu sangre y los efectos se hacen inmediatos. ¿Puedes acaso sentirlo? Lo bien que se siente tu trasero, que incluso estás chupando mis dedos hacia el interior — con una sonrisa sobre su rostro, continuo los movimientos irregulares en aquel estrecha proporción de su cuerpo.
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